29 de Mayo de 2026. Morelia, Michoacán.- Ahora que varios funcionarios del gobierno estatal buscan convertirse en la candidata o el candidato que compita por encabezar el próximo gobierno de Michoacán, no hacen sino presumir y publicitar por todos lados las acciones y logros conseguidos desde las secretarías que ocupan u ocuparon. ¿Se vale?
Los presumen casi echándonoslos en cara, como si de entrada se los debiéramos, como si tuviéramos que agradecerles por su trabajo; como si estos logros no hubieran sido la razón de sus nombramientos, la encomienda que se les asignó, los objetivos que, con toda seguridad, se les plantearon al tomar los puestos que, pareciera, solo tomaron como trampolín y plataforma personal.
Deberíamos recordarles que esos logros no fueron conseguidos a nombre propio, sino como parte de un gobierno y, por tanto, forman parte de una encomienda general: gobernar, es decir, hacer, actuar, lograr en nombre de todos y para todos. Son ellos quienes deberían agradecernos haber podido colaborar con la sociedad —y encima, cobrar por ello— proyectando así esos nombres que ahora buscan posicionar en un escalón político más alto a costa nuestra.
Me gustaría que quien se convierta en candidato o candidata —no se nos olvide la imposición, digo, la recomendación de que “debe ser mujer quien encabece el próximo gobierno michoacano“— mencione las metas conseguidas como bienes comunes y no como una lista de ocurrencias personales. Me gustaría, pero no es así. Parece que entre más se presume en nombre propio, más méritos se atribuyen para candidatearse; más que informar de sus acciones, enlistan lo realizado para obtener pase directo y justificación para un posicionamiento personal. ¿Se vale? ¿Les vale?
Hagamos cuentas entonces. Sigamos esta idea de la meritocracia y pidamos informes oficiales. De ahí, podríamos —me atrevo a decir que fácilmente— realizar los primeros filtros.
Pongamos en las primeras opciones a quienes, con toda la estructura de sus puestos, lograron, construyeron, activaron y actuaron de mejor manera aprovechando sus nombramientos en lo que va del gobierno actual. Pondría, por ejemplo, a los titulares de la Secretaría de Desarrollo Urbano y Movilidad; la Secretaría de Comunicaciones y Obras Públicas; la Secretaría de Educación; la Secretaría de Finanzas o la Secretaría de Bienestar. Mi voto sería para alguno de ellos, sin dudarlo.
Sin embargo, en el plano político y el plano real, aunque los logros de estos funcionarios son muy parejos, el posicionamiento de sus nombres no lo es. Me pregunto, por ejemplo, por qué el nombre del secretario de Obras Públicas, Rogelio Zarazúa Sánchez, no aparece entre las primeras opciones a la candidatura, cuando la SCOP es una de las secretarías con mayor trabajo efectivo y comprobable en lo que va de este gobierno.
Por primera vez en años hay obras visibles en todo el estado: comprobables, con visión práctica, utilitaria, innovadora e incluso sustentable; obras en las que la ecología y el beneficio a la población se han puesto por delante y que, queramos o no reconocerlo, están ahí, a la vista de todos, en prácticamente todos los municipios, incluso en zonas a las que en administraciones anteriores ni siquiera se podía entrar —la Costa y Tierra Caliente, como ejemplo—.
¿Qué ocurre entonces en la política michoacana para que el nombre de Zarazúa no se baraje a diario como sí ocurre con otros funcionarios? ¿No le valen sus logros? ¿No los presume lo suficiente? ¿No es el elegido, digo, el recomendado? Es momento de voltear a ver la cantidad de obras bien hechas desde la secretaría que encabeza y reflexionar qué pesa más en estos posicionamientos: ¿lo logrado o lo presumido?
Postdata Hagamos el ejercicio completo de meritocracia y dejemos fuera, por simple lógica, a quienes ni siquiera presumen algo; no porque no quieran, supongo, sino porque no hay obras, acciones ni logros que los respalden. Esos cuyos nombres no suenan, ni en la baraja política ni entre los michoacanos. No porque no quieran —insisto—, sino porque simplemente no han hecho nada.
Hasta la siguiente, desde la trinchera michoacana.
